-Mireia, Mireia, Mireia... que te has dormido...
-Mfff... ¿eh?
-¡Que te has dormido!
-¿Eh?.... Ay, ay, ay! ¡Mierda, se me olvidó ponerme el despertador!
-Bueno ahora ya no hace falta que corras, ve para la siguiente clase.
Qué rabia me ha dado. Total, para perderme una clase en la que nos iban a poner una película (mejor que no sepáis cuál). De todas formas, me he sentido como una inútil. No sé como no me había pasado antes porque mi despertador, que es el móvil, lo tengo que poner cada día para que suene. Ayer, entre una cosa y otra, se me olvidó. Así que ahora estoy matando el tiempo hasta mi hora de salir escribiendo sobre... no sé. ¿Sobre qué estoy escribiendo? Bueno, el despertar, ¿no?
Tengo que admitir que este año estoy triunfando en lo que a despertar se refiere. El año pasado mis padres se levantaban a la misma hora que yo o antes y así podían arrancarme, literalmente, de la cama. Este año, para desgracia mía, mi padre está jubilado y mi madre ha decidido hacerle compañía (no les reprocho, que conste ¿eh?, ya me gustaría a mi quedarme en la cama), por lo tanto, tengo que ponerme cada día el despertador. ¿Sabéis la rabia que da irse cada día de casa y oír como tus padres roncan? Algunos puede que sí. Mucha rabia, mucha, mucha y también mucha envidia.
Cuando es peor es en invierno, porque se está tan bien en la cama tapado hasta arriba... A veces pienso que sonará el móvil por la mañana y lo tiraré por la ventana del cuarto para que me deje de molestar.
Hoy podría haber dormido tres cuartos de hora más pero, de hecho, ¿para qué? Si luego tendría que soportar (esta vez sí) el despertador. Ojalá tuviese ese "poder" que algunos tienen que cuando se despiertan, la hora que sea (y suele ser muy temprano) ya sienten la necesidad de levantarse.
El dormir es un vicio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario