
Hoy voy a exponer la rara costumbre que tienen los mosquitos de atacarme en invierno. ¿Qué les habré hecho yo para que me muerdan cuando no toca? Los párpados, el labio, los dedos, los lugares más molestos si es posible. Que no es broma, cuando le toca a los párpados es un mal rollo... ni lentillas ni básicamente VISTA.
Esta tarde, la víctima ha sido el labio. Y mañana... quién sabe qué nos depara el futuro de los mosquitos. ¡Malditos sean! Mejor eran los puri-puri que aunque te acribillasen hasta la muerte como mínimo no te rascabas.
Ay, necesito que alguien me recuerde cuál es su misión en el planeta. Porque sino... ZAS, y ya saben qué pasa luego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario