sábado, 15 de noviembre de 2008

el mundo es malo

Así que después de mucho tiempo voy a reflexionar sobre las malas personas. A mi no me gustan las malas personas, vaya, podría decir que a nadie. Las malas personas son prepotentes, egoístas, incrédulas, solitarias y... imbéciles. Estas no esperan nada de los demás, sólo de ellos mismos. Por lo tanto, viven aprovechándose de todo lo que encuentran en su camino.
La ciudad de los prodigios narra la vida de un barcelonés-mala persona. A medida que vas leyendo te das cuenta de todo lo que en realidad somos capaces de hacer, y son muchísimas cosas, de verdad. Eduardo Mendoza puede describir así de fácil a las malas personas, sin embargo, no consigue llegar al mismo nivel con los honrados e infelices. Pues digo yo, será por algún motivo, ¿o no? Alguna razón habrá para que los hombres insensatos y crueles sean más sencillos de describir. Y ahí va mi argumento; es tan fácil como el hecho de que, realmente, buenas personas en el mundo, pocas, muy pocas. Así que si están en todas partes y un poco en cada uno de nosotros pues también nos sentiremos identificados de vez en cuando.
Tampoco quiero ser tan negativa pero a ver, sincerémonos, cada uno con lo suyo pero sin lo de los demás y si nos abrimos será rara la vez. Ah, (a lo "monegal"), no os creáis que cambiará la cosa. No, no, todos malos y para casa.


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